Mixtura es hermosura

No en la antigüedad, ni en el presente, se ha dado jamás el caso de una raza

que se baste así misma para forjar civilización.

José Vasconcelos (La Raza Cósmica)

Mestizar es un verbo incómodo. Su contra definición es, por naturaleza, lo que no se ha mezclado, lo puro, lo intocado. El mestizaje no es un accidente o una casualidad, es una condición necesaria de la evolución de todas las especies vivas. Sin esa suerte de oxigenación genética la raza humana sería un género con capacidades de adaptación muy limitadas, proclive a plagas y enfermedades probablemente insuperables. Quizás una bola de tarados deambulando de aquí para allá.

Mestizos son quienes llegaron a mestizar a nuestros pueblos originarios, ellos hijos de ibéricos, romanos y árabes, a su vez descendientes de pueblos bárbaros venidos del norte, mestizados a su vez con godos y visigodos. Mestizo es el autor intelectual del genocidio más grande en la historia de la humanidad, cuyos antepasados pertenecían a la raza que el asesino consideraba inferior y que murió ignorando el origen de sus antepasados. Mestizo es el cabecilla de la supremacía blanca que hoy está sentado en la casa del mismo color y que desprecia y mira por encima del hombro a los millones de migrantes, mestizos, que han enriquecido con su trabajo a su país.

En nuestro caso la estratificación social que surge a raíz de la llegada de los españoles al continente americano ensucia lo que en realidad es y seguirá siendo parte de un proceso adaptativo de todos los seres vivos. No hay mejor (o debería decir peor) ejemplo del racismo crónico de quienes establecieron el llamado sistema de castas que la que da el nombre de “saltapatrás” a quien nacía de la unión de un mulato o mulata con una persona de raza negra, hoy llamados afroamericanos. El término equivale a afirmar que la evolución va de retache. Y es que ya puestos a escoger, yo prefiero mil hijos así que un solo kukluxclano, con capucha o sin ella.

Y ya saltando palotro lado, imagínense ustedes ¿Qué sería de nosotros sin el mestizaje entre las hijas de la Vitis Vinífera? La Petite Sirah no existiría si el Dr. Durif no hubiera experimentado con el encuentro genético entre la Syrah y la variedad Peloursin en su laboratorio. Tampoco podríamos disfrutar de vinos sudafricanos elaborados con la variedad Pinotage, hija legítima de la Pinot Noir y la Cinsault, la primera borgoñona y la segunda, probablemente de origen occitano, aunque a mí me gusta más la historia aquella que dice que su origen es argelino, es decir, africana la muchacha.

Y qué decir de la popular Ruby Cabernet, producto de los legítimos abrazos de la más que popular Cabernet Sauvignon y la siempre coqueta Carignan, la que por cierto ya sentó sus reales en los valles de Ensenada y, según me dicen algunos productores de la región, se siente de lo más a gusto. Fascinante resulta, por cierto, la historia de esta última. Originalmente nacida en España, bautizada con su nombre de pila Cariñena, aunque se agüiten los franceses, tiene más sinónimos que un testigo protegido. En Catalunya la llaman Samsó y en otras regiones de la península ibérica, como la Rioja por ejemplo, se le conoce con el nombre de Mazuelo, por mencionar solo dos de ellos.

Ya entrados en gastos, para los que sigan pensando que las razas puras sí existen y que los santos reyes no son sus papaces y sus mamaces, sino tres tipos de a de veras que andaban paseándose en un caballo, un camello y un elefante por las favelas de Belén, ahí les va esta: La Pinot Noir es, probablemente, la súper tatarabuela, la reina madre de las variedades silvestres que a través de un proceso conocido con el nombre de hibridación fue evitando la homogeneidad genética por medio del mestizaje con parientes afines, asegurando la diversidad que ha permitido el nacimiento de miles de variedades. Lo mestizo es lo macizo, ni duda cabe.