Mestizaje

Entonces en qué quedamos ¿hay coincidencias? ¿O todo es parte de un gran plan maestro de energía cósmica muy acá? Nunca sabremos la verdad, y probablemente no habría diferencia si lo hiciéramos. Por más profundo que parezca mi cuestionamiento sólo lo hago porque en estos días que me llegó la consigna del texto con el tema de ‘mestizaje’ estaba leyendo uno de los libros más entretenidos con que me he topado en los últimos años y me pareció muy curioso pues.

El título en cuestión es ‘Ahora me rindo y eso es todo’ de Álvaro Enrigue. No se los cuento mucho porque en realidad vale la pena leerlo y no se los quiero echar a perder con mi pobre reseña, pero el chiste es que es una mezcla de relatos situados geográficamente en los territorios al norte de Chihuahua y Sonora alguna vez dominados por los Apaches. Entre otras cosas el texto deja ver las relaciones entre los criollos e indios, cómo se impartía la ‘ley’ en esos tiempos a finales del siglo XIX y principios del XX, las últimas batallas de los grandes generales de la tribu más recia de América, aquella que prefirió extinguirse antes que ser asumidos por los EEUU (o por México para el caso). El vistazo a la tribu nos hace cuestionar de qué lado estaba la civilización y el progreso (aunque creo que ya sabemos la verdad); entre los que vivían como uno con su entorno y los que llegaron a explotarlo.

El libro pinta de forma divertida y muy bonita el paisaje desértico que todos imaginamos cuando hablamos de los estados del norte, pero también los valles verdes y las montañas nevadas en un territorio que no tenía fronteras humanas, porque los apaches sabían que eso eran pendejadas, ellos eran de la tierra y no al revés.

En fin ¿y qué tiene que ver todo esto con el vino, con el nuestro específicamente? Tal vez muy poco, pero para mí hubo varios recordatorios, desde los paisajes Ensenadenses, lo recio (hasta obstinado a veces jeje) de algunos productores, la comunidad de la Baja, que se ha construido un poco como la de Chihuahua y Sonora de aquellos ayeres, con gente de todos lados y a la vez de ninguno, que ya después de un tiempo todos son de Ensenada; capitalinos, tapatíos, ingleses, franceses o de cualquier otro lado, después de un tiempo todos tienen el acento golpeado que marca a los del norte del país; hasta la relación de los criollos con los pobladores originales, ahora invisibles. Todo esto para mí tiene una estrecha relación y se nota en el resultado de nuestros vinos, que como siempre invito a probar con ojos distintos y mente abierta.