Mestizaje creativo

Las etiquetas de vino aparecieron por primera vez hace miles de años, las primeras aparecieron en la cultura mediterránea. Arqueólogos han descubierto ánforas decoradas con imágenes de racimos de uvas y vides. El papel, que inicialmente fue introducido a Europa por los Árabes, finalmente fue utilizado para una variedad amplia de usos incluyendo las primeras etiquetas comerciales que aparecieron en Italia a principios del siglo XVIII. En los primeros años de los 1800 las etiquetas comenzaron a tener toques mas artísticos, de hecho, las exquisitas litografías, embozados y hermosos acabados eran realmente obras de arte que es casi imposible reproducirlas hoy en día. Los temas que se mostraban en esa época han cambiado con el tiempo; escenas del campo, la finca donde se producía el vino, instrumentos y utensilios para la elaboración, animales, etc.

El desarrollo de diseño gráfico para etiquetas en México hoy día está sujeto a una variedad de factores que tienen que ver sobre todo, con el crecimiento de vinos y vinícolas, el cual crece año tras año. Antes, era suficiente con hacer una referencia clara del tipo de vino que venía dentro de la botella, un diseño atractivo y mucho color para sobresalir en el anaquel, al fin y al cabo la competencia era relativamente reducida. Hoy en día, los ávidos fanáticos del vino se han ido convirtiendo poco a poco en críticos y se interesan cada vez mas no solo en el contenido de la botella sino en la historia y antecedentes de la bodega y su productor. Las vinícolas reconocen que deben darle consistencia a su marca, que se construyen por sus valores y por cómo los consumidores se identifican con ellas, es por eso que se necesita contar una historia.

El reto para el diseñador de etiquetas es valerse de los diferentes recursos y técnicas de representación visual como el grabado, la ilustración, la pintura, la serigrafía, el uso de tipografías antiguas y actuales además de la infinidad de recursos digitales que los programas desarrollados especialmente para diseñadores están a la mano hoy día. El artista podrá valerse de alguna de ellas o de combinarlas y crear con ellas un mestizaje de técnicas.

Las etiquetas de vino son un reflejo de la cultura donde se produce. Los mexicanos somos una cultura hibrida, sin embargo, conservamos gran parte de nuestra herencia precolombina la cual se manifiesta claramente en nuestra gastronomía, textiles, joyería, música y en nuestra creación gráfica en general. Las etiquetas de tequila, mezcal y últimamente la cerveza, sobre todo la artesanal, están utilizando esta identidad cultural de una forma interesante y atrevida, volviendo al origen, y están conquistando a un consumidor joven que se siente cada vez más identificado con este discurso.

En el caso del vino, el camino no es distinto. A pesar de que la cultura del consumo de vino en México es todavía joven y que este producto no es tan cotidiano, todavía, podemos ver que las marcas incluyen ya en su discurso visual y de comunicación, elementos de nuestra identidad.

Los diseñadores somos creadores de cultura, tenemos la responsabilidad de fomentar en las nuevas generaciones de creadores visuales que la identidad se forma de nuestro pasado y que debemos diseñar con responsabilidad cultural.