Numeritos y numerotes

Hoy el mundo del café tiene dos extremos numéricos: por un lado el precio internacional del café, y por otro los records estratosféricos de las subastas de cafés. Dos números que evidencian las antípodas insostenibles en las que se mecen todos los que tocan el café, sea una fruta, sea una taza.

Estos dos números son los momentos de un paradigma pendular. Por un lado el precio más bajo de todos, el precio internacional, de la bolsa, de los contratos, o como se dice en el argot cafetero “el precio del día”, que se encuentra en un profundo valle histórico que ya tiene más bien cariz de abismo. Es el número a temer hoy en día porque es el número que evidencia la realidad: no es negocio producir café. Al momento de escribir esta reflexión el número del precio del día es de dos dígitos… después del punto decimal. Hoy la línea base de pago de café verde arábico es de 0.97 dólares por libra. Es tan vergonzoso y paupérrimo que por eso sospecho que prefieren hablar de 97 centavos de dólar en vez de 0.97 dólares, que suena a nada.

En el otro extremo del péndulo recibimos noticias tales como el precio record de un café exótico en el contexto de una subasta electrónica: 1,029 dólares por una libra de café verde (de acuerdo los resultados de la subasta Best of Panama 2019). Quizá nunca se había pagado tanto por un café… y en mi opinión, quizá no se debería. Estos números, que se rompen o superan año tras año, son síntoma de la tendencia y de la burbuja de mercado creada alrededor de unos cuantos granos y sobre todo alrededor de unas cuantas personas que han logrado construir el aparato (productivo y mercadológico) necesario para demandar estos precios.

 

La Organización Internacional del Café es cómplice de un mensaje espeluznante: es posible y existe un precio referencia universal del café. La reacción de la inmensa mayoría de los caficultores dice que es un precio irrisorio, que no cubre los costos de producción y mucho menos permite la caficultura rentable. Pero existe el precio, ¿por qué será? Porque para alguien sí es negocio este precio. Para muy pocos quizá, pero esos pocos son los que controlan los volúmenes más importantes de producción y de comercialización de café, así que si para ellos basta con eso basta. El precio del día es referencia porque hay modelos de negocio (fratricidas) que son negocio con dicho número. Tienen mucho en común quienes pueden adaptarse a hacer negocio bajo tales números, forman parte de una cierta tipología. El asunto es que, si hiciéramos un estudio de las tipologías de productores de café en el mundo, el número y diversidad de tipologías resulta amplísimo; y aunque son muchos más en forma y número, son menos relevantes esos muchos a la hora de fijar el precio (del dinero que financia el café, más que el precio del café en sí mismo). Pues bien, considerando las muchas diferentes tipologías de productores de café, de fincas, de parcelas, de sistemas agronómicos de producción y de sistemas de comercialización, no es posible ahora ni nunca hablar de “un” precio internacional del café. La OIC y simpatizantes contra argumentarán que existen al menos otros tipos de precio, pero la verdad es que no están en mejor situación y no son el precio referencia de uso diario en la mayoría de las caficulturas del mundo.

 

Aún no conozco un estudio de tipologías de sistemas y personas de producción de café -y tanta falta que haría- para que salgamos de un único número y comencemos a hablar del café con más números: las economías del café. Si los números y sus aplicaciones y abstracciones son universos de posiblidades, no veo por qué no debamos dotar al café de mayor diversidad numérica y ampliar el diálogo más allá del sostenido sonido de una nota.

En el otro extremo está el crecimiento idílico, records que se rompen cada año cuando, bajo muy contadas y específicas circunstancias, se logra encumbrar algún que otro café en el Olimpo de lo prohibitivo. Existe un modelo de negocio muy amplio fundado en la posibilidad de escalar más de mil veces el precio del día para construir un producto de lujo. Todos estos modelos explican sin cesar que existen en beneficio de los caficultores, de todos, aunque su impacto social no logra ser tan significativo como su impacto mercadológico. Aquí estamos frente a un número que no conoce la depresión, que no baja, que no merma, es un número que sólo asciende y asciende sin encontrar el límite del cielo. La lógica, la existencia de las subastas es así: son instrumentos diseñados para nunca reducir sino para multiplicar. De otra forma, las subastas no existirían, no tendrían sentido, ni propósito ni beneficio. Este número también es una ilusión, pues así como con el precio del día no se vive, con el precio de la subasta no viven más que unos pocos. La imagen de un caficultor que ha cobrado bien por su café hace pensar, creer, soñar que así es en general y para todos el mundo del café. Impulsados por la búsqueda del éxito económico, el resto de los caficultores buscará replicar la estrategia del afortunado y muchos cambios serán introducidos en las caficulturas al buscar replicar el éxito. Un sólo número mueve tanto. Aunque no estoy seguro que mueva en la dirección correcta.

Los números son inertes, pero las realidades que los acompañan no. Hoy en el café, como en todo el mundo, coexisten los máximos y mínimos númericos, y también sus correspondientes realidades. Reducir la interpretación a la cuestión numérica no nos ha llevado a ningún lado, quizá haya que voltear a ver esas realidades que rodean al número para buscar sentido a los extremos en los que vivimos todos los días quienes tocamos un café, ya sea en taza o en fruta.

Por Jesús Salazar.

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