Entran dos, sale uno.

Somos una especie tan irremediablemente infructuosa que necesitamos una cantidad de idioteces para sobrevivir. Empezando por la ropa; nuestra piel es tan inútil que necesitamos elaborar algo textil o robarnos la piel de otro animal para protegernos. No solo requerimos zapatos para poder caminar distancias sin lastimar nuestros mal estructurados pies, no, necesitamos un tubo de tela para aminorar el roce del zapato con nuestra delicada piel.

Lo interesante, es que estos cilindros textiles de vez en cuando deciden desaparecer sin previo aviso ni razón aparente. ¿A dónde van los calcetines perdidos?

El misterio de su desaparición se trata de una de las grandes incógnitas de nuestra efímera existencia. Viene de la mano con la vida después de la muerte. Son las dos grandes preguntas que definen al ser humano. Comprueban la ley de Murphy cada vez que entran en la lavadora y nos dejan con pares de calcetines disparejos, pero relativamente parecidos en nuestros pies año tras año. Entran dos, sale uno. Existen incluso fórmulas que calculan la estadística de su desaparición y las medidas para evitarlo. Fuera de los consejos para evitar esta tragedia, los cuales hay muchos, quiero pensar en los desaparecidos que se fueron para no regresar.

¿Dónde están?

¿Qué hacer con el non?

¿Será la lavadora un portal a otra dimensión?

¿Serán el primer objeto inanimado en viajar en el tiempo?

Puede ser obra de los astutos duendes en coexistencia con los humanos y dedicados ladrones hábiles en artimañas. Tal vez, en el centrifugado vuelan a la velocidad de la luz, generan tanta energía que entran a un área donde el espacio y el tiempo se deforma, cambia de ritmo. Desaparecen completamente. Puff, ahora forman parte del espacio donde hay n a d a. El famoso “más allá”.

Un lugar que simplemente no tenemos la física para explicar. Tal vez fue un accidente, un giro de más en la lavadora que los dividió y esfumó hacia un viaje sin regreso al agujero negro al centro de nuestra galaxia. Probablemente tenemos en nuestras manos un objeto inanimado tan insignificantemente irrelevante que está destinado a pasar desapercibido con sus altas conexiones cósmicas.

¿Serán, acaso, capaces de viajar entre mundos? ¿Al inframundo? ¿Al lado obscuro de la luna? ¿Al muelle de San Blas?

La lavadora podría ser un transporte similar al Delorean en Back to the Future, especialmente diseñado para teletransportar objetos pequeños de tela a la era que ellos deseen, o quizá viajan entre galaxias a bordo de naves similares al Millennium Falcon. Pero estarían arriesgándose a viajar a un tiempo en donde aún no se han inventado las lavadoras; supongo que eso explica los nones que se van para no regresar. Tal vez estoy compartiendo mi calcetín favorito con un misionero de 1834 que vive en la entonces Misión de Nuestra Señora de Guadalupe del Norte, ahora el Valle de Guadalupe.

¿Y qué tal si van hacia adelante? Hacia un futuro cercano, o a uno muy muy lejano. En el futuro, ¿habrá siquiera necesidad de calcetines? Tal vez las especies capaces de usar calcetines se extinguieron varios años atrás. Un escenario post apocalíptico gobernado por androides sádicos, pulpos gigantes con lenguajes de humo, o humanoides verdes con grandes cabezas y alargados ojos negros que destruyeron a la raza humana muchos siglos atrás.

O, tal vez, están perdidos atrás del tambor de la lavadora.

Por Silvana Pijoan.

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