El Paisaje Nocturno del Valle de Guadalupe

Las zonas rurales alejadas de la agitada vida de las ciudades suelen tener un ritmo de vida apacible y un cielo nocturno estrellado. El Valle de Guadalupe consta de una región rural al noreste de la ciudad de Ensenada y  concentra, como es bien sabido, la mayor parte de la producción del vino mexicano. Famoso por el escenario bucólico que dibujan los surcos de parras, los olivares y el chaparral que cubre los cerros aledaños, el Valle, como le llaman los locales, también es admirado por su paisaje nocturno: una vez que el sol cae el cielo se llena de estrellas y el trazo de la vía láctea es visible a simple vista. O al menos continúa siendo visible en algunos rincones de este sitio que aún permanecen oscuros durante la noche. El desarrollo de nuevos proyectos turísticos que comparten el espacio con las bodegas vinícolas y los servicios que ofrecen a los visitantes amenazan con opacar las noches estrelladas del lugar.

  El cielo nocturno de Baja California está protegido legalmente, y eso no muchos lo saben. Ensenada, el municipio mexicano con  el mayor número de científicos per cápita, alberga, entre otros centros de investigación de ciencias, un instituto de investigación astronómica de la UNAM y, el Observatorio Astronómico Nacional también dependiente de la misma universidad y que se encuentra en un privilegiado punto de la sierra de San Pedro Mártir. Este lugar, con una altura suficiente para mantener a raya la humedad de los litorales de ambos lados de la península y a una buena distancia de los centros urbanos y de la luz que emiten, agrupa lo necesario para garantizar una buena observación del cielo desde sus telescopios durante gran parte del año.  Las condiciones naturales que favorecen el trabajo de la investigación astronómica en los observatorios del mundo han requerido de protección legal para su conservación. Esta protección legal resguarda los cielos oscuros de la llamada contaminación lumínica que se define como la luz mal dirigida que proviene de fuentes artificiales, como las luminarias del alumbrado público, que aumentan el brillo del cielo nocturno y no permiten ver a las estrellas. Lugares como Chile, las Islas Canarias, Hawái o Arizona, que reúnen características únicas para la observación y estudios de los cuerpos celestes, han modificado sus legislaciones tomando en cuenta el factor de la contaminación por luz. En México el estado de Baja California es pionero en el tema y los investigadores astronómicos que aquí residen han promovido la Ley del Cielo que desde 2010 forma parte de un decreto estatal dentro de la Ley de Protección al Ambiente y que previene el manejo de la contaminación lumínica dictando sencillas estrategias de iluminación pública y privada.

  La contaminación lumínica, además de entorpecer la visibilidad astronómica, repercute en diversos rubros de la vida cotidiana: derrocha recursos económicos que se invierten en la producción de luz eléctrica innecesaria (que ilumina el cielo en vez del suelo); agrede a la vida silvestre ya que afecta el ritmo circadiano de los seres vivos que determina las rutinas diarias de alimentación o reposo y en algunos casos trastoca los ciclos migratorios; afecta a los humanos en la producción de diversas hormonas que dependen del ciclo de luz como lo son los ritmos hormonales femeninos y la producción hormonal de glándulas que regulan el período de descanso, impactando conductas como el insomnio, la ansiedad y la depresión.

  En el Valle de Guadalupe la contaminación lumínica ha transformado la tranquila vida nocturna del lugar. Hay cada vez un mayor número de destinos turísticos prestando servicios a los visitantes del lugar que iluminan sus predios sin prestar atención a las precauciones que observa la Ley del Cielo y que van minando en conjunto la oscuridad nocturna. Cada vez es más difícil observar las periódicas lluvias de estrellas en el Valle. La situación de inseguridad que impera en todo el país y la ignorancia de las regulaciones existentes promueven una sobre iluminación de esta zona rural y poco a poco se pierde la visibilidad de las estrellas en aras de atender las necesidades del turismo que sostiene económicamente a la región. Quizá si diéramos a conocer la importancia que tiene mantener un adecuado proyecto lumínico en el Valle de Guadalupe podríamos generar la conciencia necesaria para revertir la afectación de la contaminación por luz de las noches. De este modo estaríamos promoviendo que la ley se cumpla y que tengan lugar las condiciones óptimas para la investigación astronómica y para el avistamiento de estrellas. Cuidar de la belleza del paisaje nocturno del Valle de Guadalupe no es sólo un capricho. El cielo y sus estrellas son parte de la herencia natural y cultural que hemos de delegar a la posteridad y que es menester conservar.

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