El Espacio – Vino Mexicano

VinoMexicano

El espacio ha capturado la imaginación desde los griegos hasta los astrofísicos actuales; para Newton el espacio absoluto era el marco de referencia para todo, en él todo se ubica, todo permanece; en cambio los espacios relativos son las medidas o relaciones dentro del espacio absoluto. Podemos hablar también de la percepción del espacio como un ente tridimensional finito versus la más actual percepción de la curva infinita espacio-tiempo. Mientras que para unos el espacio es el gran plano cartesiano absoluto en el que la geometría y las demás ciencias ocurren, para Leibniz el espacio no es un absoluto, sino las relaciones (o espacios relativos) entre los objetos que contiene; mientras tanto para Kant el espacio es un ideal, es un imaginario del hombre y funciona como un marco de referencia (como un marco legal tal vez) a través del cual nuestros sentidos perciben el mundo exterior.

 

Quizá cada uno tenga razón y el espacio sea tanto un absoluto, como las relaciones entre los objetos y el cómo lo percibimos, todo al mismo tiempo, je. Para mí, en mi pequeñísima escala humana me parece que el enfoque Kantiano tiene mucha relevancia y es al que me gustaría hacer referencia para este escrito.

 

Hablemos pues, del Espacio Vino Mexicano, si es que existe tal cosa; y como ya lo pensé y lo escribí, pues ya existe, gracias Kant. Este gran imaginario Vino Mexicano que hoy por hoy es un actor de gran relevancia en la gastronomía y cada vez más en la tradición del país, ha cambiado bastante en los últimos diez años. No es mi intención definirlo, pues aspiraría a escribir un absoluto que no es, porque para mí el Vino Mexicano representa una cosa que puede ser muy diferente que para ti.

 

Hace diez años el Vino Mexicano ya existía, pero su “espacio” era un poco diferente. Los viajes al Valle de Guadalupe en búsqueda de bodegas, eran eso, una búsqueda nada diferente a las búsquedas del tesoro que jugábamos de pequeños. Era manejar kilómetros por terracerías, pasar uno o dos arroyos siguiendo pequeños letreros cafés clavados a postes de cercado para encontrar justo antes de darse por vencido una bodeguita donde se cocinaban grandes vinos. Los espacios para el vino mexicano en las cartas de vino estaban reservados para las grandes bodegas y era difícil encontrar más de cinco etiquetas nacionales en tu restaurante de confianza. Para muchas marcas –hoy consolidadas– apenas era algo así como el big bang, el origen de su espacio-tiempo.

 

Ahora el panorama es muy distinto. El espacio (tanto el absoluto como el construido a partir de nuestras percepciones) ha cambiado muchísimo. Hoy un viaje al Valle es una experiencia parecida a la visita de cualquier región del primer mundo. Hay una gran oferta de bodegas, puedes llegar a ellas utilizando waze o google maps a través de caminos pavimentados y siguiendo grandes y abundantes señalamientos de fondo azul y letras blancas. En sus salas de degustación reciben cualquier tarjeta de crédito y ofrecen diferentes “niveles” de catas; está la premium, la platino, la titanio y algunas más mundanas para el resto de nosotros los mortales jeje. Parece que el Espacio Vino Mexicano se está acercando a otros como Napa o Sonoma. El big bang ha dado paso (como en los albores del mismísimo universo) a una expansión de gran velocidad y hoy podemos encontrar muchos viñedos, más bodegas y muchas más marcas de vino, hay hoteles caros y otros más caros, restaurantes campestres, elegantes y otros campestre-elegantes. Nuestro espacio se está expandiendo y está tomando forma, pero en lo que la toma, parece que estamos en ese tiempo de “singularidad” donde las reglas de la física no aplican. Es decir, las reglas que en algún momento regirán (holgada o estrictamente) a nuestro Espacio-Vino Mexicano, todavía no están al 100 y eso, en cierto grado representa un riesgo.

 

¿A qué me refiero? Sencillo, a falta de reglamentación, nuestra principal zona vinícola (los Valles de Ensenada) corre el peligro de dejar de ser vinícola y convertirse en hotelero o habitacional. Si bien en abril del año pasado se aprobó un Programa Multisectorial que busca regular el crecimiento ordenado del Valle, sabemos que a veces (con poco o muchos pesos de por medio) se encuentra la forma de “sacarle la vuelta” a estos programas, reglamentos e incluso leyes en favor de proyectos particulares que salgan de toda norma.

 

El peligro de estas “anomalías” y por anomalías me refiero a proyectos que atentan contra la vocación agrícola del valle, siguiendo con la analogía espacial, es que al estar hoy fuera de norma, forman pequeños hoyos negros que darán cobijo a más proyectos de la misma naturaleza, hoyos negros que absorberán los recursos alguna vez destinados a la agricultura y terminarán por hacer del Valle un gran Disneylandia, con servicios de primera, iluminación, pavimento, cajeros automáticos, semáforos, hoteles de diez estrellas, fraccionamientos y salones de cata adornados con viñas de plástico para la posteridad.

 

Los invito a conocer Ensenada y sus valles lo antes posible, a recorrer sus terracerías y cruzar sus arroyos, a visitar sus bodegas, las que tienen salones de cata y las que no, buscar más allá de los letreros a las personas que están detrás de cada una y platicar con ellos para conocer la realidad de este siempre cambiante Espacio del Vino Mexicano.

 

Carlos Valenzuela

Tw: @cevalenzuela

Ig: @Vinisferamx

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