El Espacio (Pablo Rojas)

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El espacio ¿tiene límite? ¿Hay distintos tipos de espacio? Es decir: ¿puede haber un espacio entre dos espacios o entes? o ¿el espacio es todo? Entonces el espacio es visible, sensible y “feible”, a través de la fe. Por lo tanto, podemos definir espacio de forma externa, es decir, observamos el espacio, nos extraemos de él y definimos espacio como un lugar donde existen entes. Otra forma, sería definirlo internamente, como habitantes del espacio. Como tal, la única forma que tenemos para definirlo es observar lo que existe y las relaciones que se manifiestan; por tanto, un espacio es todo lo que ocurre en todo momento, sin dirección, sin objetivo, simplemente porque es.

¿Qué tanto podemos influir en el espacio? Si afectamos una relación, la consecuencia no solo es la relación que afectamos directamente, sino que indirectamente afectamos todas las relaciones, es decir, todo el espacio. Entre más distante sea la relación, menos obvia será la consecuencia, entonces ¿cómo sabemos cuál es el límite de nuestras acciones? ¿Hasta qué punto podemos perturbar el espacio? Pues resulta que no hay límite, podemos perturbar infinitamente; el problema radica en que eventualmente las consecuencias nos afectan a nosotros directamente. Entonces el límite es aquel que una vez transgredido, el espacio se volvería inhóspito para nuestra especie. Entonces, de forma antropocéntrica, el límite del espacio lo definimos nosotros. Dentro de estos límites también hay que entender que, dependiendo que tan cerca o lejos nos encontremos de ellos, el espacio se vuelve más o menos propicio para desempeñar nuestras vidas. He aquí el paradigma, ¿qué función tenemos en el espacio? Ejercer nuestra humanidad ¿es natural? ¿Es beneficioso o perjudicial?

Hemos transformado el planeta durante los últimos 60,000 años, todo empezó con el llamado “gran salto adelante”, cuando el Homo sapiens surge por primera vez en África y comienza a colonizar el mundo. Es el momento donde el humano demuestra capacidad de pensamiento abstracto y contemplativo. Dependiendo del continente, el humano lleva gestionando, consciente e inconscientemente, el espacio en mayor o menor medida y tiempo. Consecuentemente el espacio se ha humanizado: los bosques “…en ausencia de intervenciones y cuando dichas perturbaciones no generan huecos de tamaño adecuado, se origina un incremento de espesura que limita la regeneración por falta de espacio, perdiendo así el carácter irregular y aumentando en consecuencia los riesgos de desestabilización a gran escala”1. Entonces, ¿cuál es nuestro papel en el espacio? Pedro Antonio Tíscar hablando de biodiversidad en bosques escribe: “La biodiversidad es importante[..] porque es cómo funciona el bosque”.2 Sin embargo, fácilmente podríamos agregar que no solo el bosque, también el espacio. Entonces la respuesta a la pregunta anterior sería: gestionar la geo-bio-diversidad del espacio. Ejercer nuestra humanidad como función del espacio será entonces promover esta geo-biodiversidad tomando en cuenta que la conservación no bastará para fomentarla. Tenemos que activamente intervenir y asumir la realidad en la que nos encontramos y no pretender volver a un espacio sin humanos.

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