Comunidad

Las manadas son quizá el ejemplo de la comunidad perfecta, en ella sus miembros se sienten protegidos y confían en la distribución de labores para la supervivencia del conjunto. Como humanos, siendo animales sociales, nuestro cerebro sigue condicionado a vivir en manada (y a su protección hacia el individuo) y hará –casi– lo que sea para prevenir el destierro de ella. Pero este no es el ejemplo de comunidad al que quiero hacer referencia, sino a una mucho más virtuosa: la que descubrí en mis primeros viajes a Ensenada, en específico a la Ruta del Vino.

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De las definiciones que encontré en la cada vez menos respetada Real Academia Española, la cuarta –y no transformación– fue la que más se alineó con lo que les quiero platicar:

Comunidad.

  1. f. Conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes. Ej. Comunidad católica, lingüística.

Definitivamente no soy un veterano (bueno, no tanto como otros) en esta onda del vino mexicano pero sí me ha tocado ver cómo el entorno productivo ha cambiado radicalmente en los últimos once años desde mi primer visita a los valles de Ensenada. En aquella visita que hicimos el editor, mi socio y yo, nos encontramos con una industria del vino mexicano que apenas comenzaba a ser visible, eso sí, con una vibrante comunidad que le daba un sustento ajeno a cualquier otro sector que hubiera conocido.

Era marzo del 2008, como es costumbre por esas fechas en Ensenada y el Valle (nombre corto al que hace uno referencia cuando visita la zona vinícola aunque en realidad sean varios valles) el clima era fresco o más bien frío a la sombra, pero con un calor desértico en cuanto salías al sol, paso obviamente obligado para conocer los viñedos. Esta situación cambió en un par de días, cuando llegaron los vientos de Santana, ráfagas de viento caliente proveniente del desierto, que calentaron el ambiente (a sol y sombra) y tal vez el corazón de los productores que nos recibieron como si fuéramos viejos amigos.

Bodega por bodega visitamos Tres Valles, Vinisterra, Bibayoff, Cetto, Santo Tomás, Casa de Piedra, Viñas Pijoan, Paralelo y varias más. Tuvimos la fortuna de conocer a las personas clave detrás de cada proyecto, y sobre todo de ver cómo en ese momento la escena del vino mexicano formaba una compleja red –parecida a la red micelial (esa comunicación neurológica que existe entre las plantas de un cierto entorno) – en la que todos comparten intereses y necesidades, una verdadera comunidad.

No estoy seguro si por el momento en el que se encontraba la industria; muchas de las bodegas se encontraban en sus primeras producciones, varios proyectos independientes hoy consolidados apenas estaban en su etapa experimental, había menos wine makers y enólogos con experiencia y mucho menos equipo en las bodegas; o porque en esta comunidad había desde entonces una necesidad imperante de sobrevivir y un compañerismo superior al de muchas otras, pero al platicar con los productores uno no sentía que iba por empresas diferentes, sino pasando por diferentes puntos de vista de una gran compañía, la del Vino Mexicano.

En la mayoría de las bodegas escuchábamos los mismos nombres, algunos prestando equipo, otros visitando el campo o la bodega para ver si estaba todo listo, otros dando su punto de vista sobre cómo debían vinificar tomando en cuenta el cómo venía el clima, había también los que visitaban y probaban las barricas para aconsejar sobre el tiempo óptimo para el embotellado y otros prestando la embotelladora. Era muy curioso ir a una bodega a entrevistar al propietario o enólogo para luego verlo en otra más tarde ayudando con alguna parte del proceso.

Hoy, once años, nuevas carreteras y muchas bodegas nuevas después, la comunidad creció a grandes pasos y como era de esperarse, para que rindiera frutos tuvo componerse de otras más pequeñas. La participación de todos los individuos en la gran comunidad como era hace once años es casi imposible hoy, tanto por el nivel de crecimiento y demanda de cada bodega, como el de la industria en general, sin embargo el ambiente de comunidad sigue estando ahí. Los productores ahora componen grupos más pequeños de apoyo mientras siguen existiendo comunidades más institucionales donde se busca el beneficio común. La forma más cercana de ver esta meta-comunidad sigue siendo yendo al valle y comprobarlo en persona, darse una vuelta por una bodega y ahí preguntar qué otro sitio recomiendan, con quién platicar, quién más (de otras bodegas) está involucrado en el proyecto y de qué forma. Esta sigue siendo la vía más clara para poder comenzar a entender los hilos que conforman el gran y colorido telar del que ha sido un gran honor formar parte desde esta trinchera de la comunicación por estos últimos once años.

Hoy la industria se enfrenta a nuevos retos, desde el cambio climático y la baja disponibilidad de agua hasta la incertidumbre en las políticas públicas que hacen imposible la planeación a largo plazo, sin embargo mientras esta comunidad-manada siga unida, procurando el crecimiento del individuo y la protección del conjunto, creo que los retos serán sólo eso, y nuestro vino seguirá siendo un estandarte de lo que podemos lograr como industria cuando nos ponemos -aunque sea un poco- de acuerdo.
Por: Carlos Valenzuela

Ig: @vinisferamx

Tw: @cevalenzuela

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