Pasado, ayer, nunca más…

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Hablar del pasado, es hablar de un presente que ya pasó. Siempre vemos aquello que fue, con una idealización absurda pero comprensible. Digamos que nuestra incapacidad de vivir el presente, permite que el tiempo corra y a cada fotografía del ayer, nos vayamos dando cuenta del tiempo que ha pasado sin disfrutar. Absurdo decir que creemos en el futuro sin haber comprendido el pasado transcurrido. Nuestro futuro es siempre ese pasado que vivimos sin saber; esas acciones irresponsables de las que después nos quejamos. Y sin afán de desanimarte, creo que en los años vividos, siempre hay algo rescatable. Hay canciones como “my way o a mi manera” que te dan un sentido de orgullo o arrogancia por ser quien crees que fuiste y las notas que justifican tus acciones; o “ya lo pasado- pasado”, que te ayuda a reivindicarte en ese presente donde ves que tienes que disfrutar lo que tienes y justificar lo que dejaste ir; letras súper conocidas que nos hablan de lo inútil que parece el tiempo presente y la aceptación que le damos a aquello que creímos que hicimos bien en retrospectiva o sea el pasado. Es como manejar viendo el espejo retrovisor esperando no chocar con lo que viene frente a ti. Para mi el pasado es una especie de melancolía desatada por una canción como Venecia sin ti, que cada vez que la escucho, la canto, -a no se quien- (y depende), pero seguro cada vez que visito Ensenada, siento esa diferencia abismal de la última vez que estuve ahí. -A veces para bien-. No hay canales, no hay ese romanticismo en la arquitectura “californiana” o en los yonkes,; pero pasear por la calle segunda donde ahúman atún; me recuerda esas madrugadas de regreso a casa desde el Manzanilla antiguo, donde -no sé cómo- estaba protegida de todo mal y viajaba por instrumentos. Si me preguntan por mi pasado, ja. Les diría que necesitan algunas botellas de vino para poder escucharlo sin juicios. Porque si hay un bálsamo capaz de conectar al pasado y comprenderlo, es ese vehículo líquido llamado vino. Suya es la capacidad de volverte a ese lugar de antaño o de aquellas; a ese momento, amigo, circunstancia o presencia desencadenada por un aroma o una palabra imposible; con la idea o propósito ya sea de olvidar o de recordar; y que te conecta a algo que ya habías vivido sin saber. En el mundo de la terapia se le llama un engrama y es ese suceso que te re-conecta al pasado, al ayer, a eso que te han dicho que jamás pasó ni volverá a suceder. Pero que con el tiempo, encuentras que te han mentido; por eso vuelves a buscarlo y reincidir -para comprobar que no estabas mal-. El pasado puede llegar a ser amargo como la hiel y tan motivante como las endorfinas. Basta sentarse a reconocer, cómo es que se siente uno después de comer unas gorditas de chicharrón prensado en domingo, un caldito de birria subiendo la cuesta o un beso de esa persona de labios suaves y cálidos que no te quita la vista de encima mientras haces cosas vanas e insignificantes. Vaya, ya no estoy hablando del pasado que es el tema asignado… o igual si; porque quizá he sembrado algunas semillas que germinarán mientras lees este escrito en lo que crees que es el presente; dejando una explicación de lo que el pasado, el ayer y el nunca más, es.

Por: Karola Saenger

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