Les Vignerons du Mexique

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Preludio

El año es 2007. La compañía mexicana VYVA Francia adquiere, en un salto al vacío, las 25 hectáreas que conforman viñedos y bodega de Domaine Collines des Vents ubicado en Lesquerde, en los Pirineos Orientales de Roussillon, Francia.

Las circunstancias, la diversidad del suelo, la altura, el clima, las variedades y la expresión del lugar se presentaron como la tierra prometida por Huitzilopochtli. La apuesta y aventura de esta inversión en un país extranjero permitió abiertamente la creación de un monstruo de Frankenstein del mundo moderno. Buscando interpretar el viejo mundo del vino como lo es Francia con una visión del vino nuevo. En palabras de Hugo D’Acosta, “Enología de lectura, receptiva, pero sobretodo interpretativa del mundo actual”. El vino mexicano hecho en Francia. Así nace el vino de La Borde Vieille.

Ahora viajemos 3 años después, hacia el año 2010. El proyecto que surge ahora es otro monstruo, con más brazos y unos cuantos pares de ojos más. Nos encontramos en la comuna de Felluns, a treinta minutos de La Borde Vieille. Seguimos ubicados en los Pirineos Orientales, seguimos en Francia.

Sucede que en este tiempo, una antigua cooperativa llamada Les Vignerons de Felluns ubicada en el centro del pueblo de 50 habitantes, estaba en venta, y con ella, sus 45 hectáreas de viñedo.

Felluns son viñedos de altura, con zonas de suelo calcáreo, granítico y arenoso en su mayoría. Gobiernan Syrah, Carignan y Grenache, con las blancas Grenache Gris, Grenache Blanc y Macabeu y un pequeño porcentaje de variedades autóctonas como el Aramón y la Chenançon. Son viñas muy antiguas que datan aproximadamente de 1960 e incluso algunos carignans de principios del siglo XX.

Visto así, no nos sorprende que un grupo de productores mexicanos incluyendo a Vinos Pijoan, Mogor Badan, Alberto Rubio, Tres Mujeres, Casa de Piedra, Mariatinto, José Luis Pérez y Sergio Guevara, entre otros, se aventuraran a comprar el proyecto e iniciar una especie de cooperativa mexicana en Francia.

Los vinos producidos en Felluns, como los de Lesquerde, se comercializan en México.

Algunos se embotellan en Francia y salen al mercado como vino francés, con un embotellado de origen, elaborado por mexicanos. Otros decidieron embarcar el vino (terminada su fermentación) destino a México y utilizarlo en mezclas con uvas de suelos mexicanos convirtiéndose en un vino franco mexicano.

A pesar del desarraigo y la tierra olvidada por Francia, que la considera la oveja negra, el power mexicano genera una reinvención de esta región del Roussillon.

Con toda razón nos preguntaríamos: ¿qué tiene esta región que sigue llamándonos año con año a los mexicanos hacia ella? A nivel energético, mencionaría que hace falta darse una vuelta para enamorarse y dejar el corazón. Por otro lado más racional, esta región respeta el uso de suelo agrícola y determina donde va lo que tiene que ir donde no. No puedes construir una vivienda en una zona destinada para viñedos, por ejemplo. Muchos menos un fraccionamiento y dos hoteles. Si tus hectáreas incluyen un porcentaje de bosque, no puedes hacer nada dentro de él más que dejarlo ser. Eso deja el paisaje cubierto de campos agrícolas, y los minúsculos pueblos que parecen estar deshabitados se llenan de vida joven de todos lados del mundo, trabajando el campo y la bodega durante los dos meses que abarca la temporada de vendimia.

Después de este viaje por el tiempo y el espacio… ¿como traducimos todo esto a una botella de vino que puedas comprar en una tienda?

Como todo lo que es diferente, el proyecto se ha visto cara a cara con sentimientos encontrados por parte del público que lo recibe. Menciono algunos para estar todos en el mismo canal.

Ejemplos.

1. El proyecto es producto de un egocentrismo sin medida. “Es como una selfie con uvas”.

2. Los involucrados mexicanos están comprando vino a granel francés y haciéndolo pasar por un producto mexicano. “Nos están queriendo ver la cara de…”

3. Producto de un malinchismo. “Se creen europeos y por eso mejores que el vino mexicano”.

4. Proyecto únicamente publicitario, en donde se sacrifica el valor del terroir. “Es pura mercadotecnia”

5. … “espero que no digan que son vinos ecológicos”…

6. “¡El sueño de Porfirio Díaz se está cumpliendo!”

Perfectamente comprensible, puesto a que explicar el proyecto ha resultado ser una labor de gran calibre. Explicar que un viñedo y una cooperativa de vignerons franceses en una pequeña comuna llamada Felluns, perdida entre las montañas de los Pirineos Orientales de Roussillon, llegó a ser de manos mexicanas y que siguen produciendo vino de esas mismas uvas y en esa misma bodega pero ahora con una visión mexicana y exportándose la gran mayoría a México, es un bocado muy grande que tragar. Vaya, ni los habitantes de Felluns entienden muy bien el proyecto. Parecerá broma, pero varios creen hasta la fecha que los mexicanos que llegan cada año a hacer vino, son narcotraficantes. Le agrega algo pintoresco al paisaje montañoso, ¿no? Es un cambio drástico de pasado a presente que hace que el futuro se pinte con varias posibles dimensiones paralelas.

Nos encontramos con una tarea aún más difícil en México a la hora de explicarlo. Tal vez nos perdimos en la filosofía, en el amor por el proyecto, en la sed por la exploración o en la frustración de la comunicación.

Mucho se pierde en lo que no se dice, pero más se pierde al decir de más.

Epílogo

Se tomó la oportunidad con la visión de aprovechar dos panoramas a nuestro favor: el Valle de Guadalupe y los Pirineos Orientales. Explorando e interpretando su magia. Vino mexicano hecho en Francia o vino francés para mexicanos, los términos son redundantes en este caso.

Lo importante es la invitación a probar, con los ojos cerrados y la mente abierta; probar algo donde el origen sobra y el intercambio tiene un gusto. A esta generación le estorban las fronteras y cada vez más se vuelve necesario el intercambio de aquello que nos define; más allá de colores en una bandera y nuestras coordenadas de nacimiento.

Productores mexicanos unidos. Cooperativa mexicana en Francia. Ubicados en la comuna de Felluns en los Pirineos Orientales de la región de Roussillon. Creando productos binacionales MX/FR con un ideal poco convencional de la denominación de origen. Va más allá de la definición utópica del terroir que involucra suelo, clima, vid y savoir faire de quien maneja esos ingredientes. Quitándole las banderas al terroir en cuestión y casándolo con un extranjero, se genera un mestizaje. Viva México y Viva Francia. Un intercambio cultural que puede percibirse en sabores. Globalización que puedes probar. Cocina fusión del vino, podría decirse. Tacos a la béchamel.

Platico todo esto ya que visualizando el futuro, e incluso el presente, se puede perder el pasado y hay que saber de donde parte todo. Generalmente sucede que para entender las cosas hay que tener claro de donde vienen y seguir adelante con su historia bajo el brazo.

Siempre es más de lo que parecería, no es algo inamovible y congelado en el tiempo sino que se añeja con el sazón del paso de los años.

Los invito a que la próxima vez que encuentren alguno de estos proyectos en su tienda de preferencia, se aventuren a probarlos. Quien sabe, tal vez se enamoren y acaben en Felluns con esta bola de mexicanos locos.

Por: Silvana Pijoan

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