Las uvas del pasado, los enólogos del futuro

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(colaboración en la hachemuda de febrero de 2016)

En mi último viaje, durante una de las semanas que según dicen los que al clima se dedican ha sido uno de los diciembres mas fríos que se recuerden en lo que no tenemos empacho en llamar ¨el viejo mundo vitivinícola¨. Compré una de las muchas revistas que compitiendo por un escaso pie cuadrado en los saturados anaqueles de publicaciones, consagran sus estéticas páginas impresas a los tan de moda temas sobre la comida y el vino. De este ejemplar, que incluía una interminable lista de actualidades, me llamó la atención dos artículos. El primero, hablaba sobre el Bajío Mexicano y su oferta Gastroturística y el segundo de un movimiento que busca reivindicar en la muy afamada Rioja, las variedades Garnacha y Cariñana (mazuelo). Desgraciadamente el texto dedicado a nuestra tan concurrida ¨cuna de la independencia´, era bastante corto, mediocre y con poca o nada de substancia. En el caso de Rioja, el reportero escribía con la emoción contagiada por ¨los nuevos hacedores de vino¨ que están buscando no solo elaborar vinos con estas ¨incomprendidas uvas¨, si no que, proponen legitimar el esfuerzo modificando la D.O. Y poder así, presentar vinos con dominancia de estas uvas. Privilegio que hasta ahora solo se le permite al Tempranillo. Si bien es cierto, que tanto la Garnacha como la Cariñana   han formado parte histórica del mosaico vitícola de esta región, su presencia ha sido mas bien marginal y limitada a cepas complementarias. Donde el protagonista habitual es todavía la uva Tempranillo, a pesar incluso, de la influencia de enólogos franceses que hace ya algunos años (setentas tardíos, ochentas tempranos) influyeron en la aparición del Merlot y Cabernet Sauvignon como símbolo de modernidad de la Rioja.

Me llama la atención, no que algunos hacedores ¨progresistas¨ estén volteando a ver estas bellas variedades para que formen parte de un movimiento que busca rescatar y presentarlas como protagonistas en vinos de la zona, permitiendo su uso dominante en la DO. Sino que se haga hasta ahora. En nuestra bella y remota Baja California, yendo un poco como siempre en contracorriente, este movimiento de reivindicación de la Garnacha y Cariñana data del fin del siglo pasado. Cual es lo rescatable de estas atemporalidades, pues creo que mucho. Primero me parece importante reflexionar ahora que nos debatimos en la discusión muy actual de la Denominación de Origen Baja California, lo corto y rígido que pueden ser los modelos pre-establecidos, especialmente que cada vez mas, vemos “enología de vanguardia”, limitada por añejas denominaciones, particularmente aquellas que nacieron inspiradas en el proteccionismo y no en la creatividad. También creo importante que recordemos como se ha modificado en los últimos 50 años el viñedo bajacaliforniano. Nuestro paisaje vitivinícola cambió y sigue cambiando, las fuerzas que lo moldean también están cambiando día a día, el clima, la enología, el consumidor, la penetración de los vinos y la cada vez mayor presencia de nuestras etiquetas en muchas mesas instruídas. Hoy afortunadamente quedaron varios viñedos (no los que deberían) de estas uvas que son una verdadera joya vitivinícola de la región que ni la moda del Merlot, ni la voracidad del monopolio ochentero apoyado por un gobierno (ciego, miope) pudo acabar con esta diversidad.

Muchos se preguntarán porque no se le había ocurrido a alguien reivindicar estas uvas, porque hasta ahora se empieza a hablar de estas variedades alternativas para el nuevo milenio, añejas en el siglo pasado. Hoy la respuesta es un poco más simple que hace unas décadas. El valor que representan estas variedades sobrepasó afortunadamente la enología setentera, su riqueza enológica se centra no solo en sus sabores ricos y exquisitos, si no en su capacidad de adaptación a climas secos.

Tengo un compadre que tiene un viñedito que no tiene que regar, mucho menos fumigar, el deshierbe se vuelve marginal y el vino le sale muy bueno. Es como si a estas uvas les sobrara el agricultor. Son plantas que no quieren que las dirijan, quieren que las dejen ser.

Créanme en BC hay una oferta de vinos con estas uvas; puras, como bases o mezcladas, deliciosas. Y como el mundo no es perfecto, mucho menos lineal y por lo tanto todo tiene su defecto (dirían los occidentales). El de estas uvas es no llamarse Merlot, ni apellidarse Cabernet.

Por: hachemuda1958

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