Muévete Vaca

Antes del descubrimiento de América solía haber 35 millones de berrendos en Norteamérica[1]. “Defenders of Wildlife” estima que alrededor de 30 millones de bisontes merodeaban desde México hasta Alaska durante ese mismo periodo. “Deer Friendly” calcula que la población de venados en EE.UU, a mediados del siglo XV, era de 45 millones y 10 millones de ciervos. Estos son solamente cuatro de los siete ungulados que existen actualmente en Norteamérica. En el mundo existen 257 especies de ungulados. La población ganadera de EE.UU y Canadá es de alrededor de 106 millones de cabezas de ganado bovino y 6 millones de ovinos[2].

Como pueden ver, la población total de ungulados antes de la llegada de los españoles no era mucho menor al número actual de cabezas de ganado. Y esto es ¡hace 500 años solamente! ¿De qué tamaño crees que serían las poblaciones en el Pleistoceno cuando vivían 90 géneros de mamíferos de más de 44 kg?. Pues tienes que saber que estos animales fueron cazados por los humanos hasta extinguirlos.

Casi todos los mamíferos herbívoros tienen una relación simbiótica con microbios. Los mamíferos proveen comida y una “casa” para los microorganismos, y estos últimos sintetizan enzimas que son capaces de descomponer los compuestos de la pared celular, celulosa y lignina, de la materia herbácea. Después de ingerir hierbas, los mamíferos pueden digerir enzimáticamente este material fermentado. Los ungulados tienen la capacidad de convertir plantas no comestibles a comida humana. En verdad no existe una competencia por comida, sino los animales ayudan a los humanos a transformar las plantas que no puede consumir en carne, leche, fibra y pieles. Por ejemplo, más del 50% de la energía en los cereales no la puede consumir el humano[3]. Nosotros solamente comemos las semillas de trigo o la cebada, pero los rumiantes pueden digerir el tallo y las hojas. Esto solamente ejemplifica a las plantas domesticadas, es decir, una fracción del total. Alrededor del 37% del área del mundo está clasificada como agrícola, es decir, tierra que se utiliza para producir comida para humanos. Ciudades, montañas, nieve, desiertos etc. cubren el 63% restante, por lo que no pueden ser utilizadas para producir comida. La tierra agrícola se subdivide en cuatro categorías: arable, cultivos permanentes, pastizales y montes, y pasturas permanentes. La tierra arable y los cultivos permanentes representan el 31% de la tierra agrícola, y son las únicas capaces de producir plantas digeribles por los seres humanos. Entonces, el restante 69% de la tierra agrícola esta cubierta por vegetación que no puede ser digerida por humanos.

Los ecosistemas pueden ser clasificados en una escala de fragilidad, que se basa en la descomposición de la materia orgánica durante el año. Los ecosistemas no frágiles tienen constante humedad por lo que los microorganismos están activos y la materia orgánica se descompone biológicamente. Esto significa que lugares deteriorados se beneficiaran de un descanso o conservación. En el otro extremo, los ecosistemas frágiles tienen una temporada de secas. En estos lugares la mayor parte de la vegetación arriba del suelo muere durante esta época y, como toda esta materia herbácea no puede ser descompuesta biológicamente, entonces sufre un proceso de oxidación química y de intemperismo. La oxidación es un proceso lento que libera CO2 a la atmósfera. Esta materia orgánica sin descomponer sirve de combustible cuando hay incendios, liberando toneladas de CO2 y dejando el suelo descubierto. Estos lugares evolucionaron con grandes poblaciones de ungulados. Estos animales forman grandes manadas para protegerse de los depredadores y están en constante movimiento. Consumiendo y pisoteando plantas, defecando y orinando, y mudándose a lugares frescos. Al hacer esto, ayudan a ciclar el carbono y los nutrientes que se encuentran en las plantas; siembran semillas que no tienen mecanismos agresivos para “autosembrarse” y perturban el suelo compactado, permitiendo que permeen el agua y el aire. Proveen, como vimos anteriormente, una “casa” con la humedad y las temperaturas ideales para que los microbios puedan descomponer la materia herbácea, inclusive durante la temporada de seca. Desafortunadamente, hemos desaparecido a la mayoría de los animales silvestres. La única herramienta que nos queda es, su sustituto, el ganado doméstico. Pero este, no tiene que estar encerrado, sino afuera, en los campos, moviéndose continuamente.

[1] http://www.iucnredlist.org/details/1677/0

[2] Caprinos son pocos. No incluí México por falta de datos de poblaciones históricas

[3] http://aitc.ca/bc/uploads/ruminants.pdf

Por Pablo Rojas

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