Movimiento

El movimiento es uno de los aspectos físicos que han inquietado al hombre desde que pudo tener la capacidad de observar la naturaleza. Demócrito lo establecía como la principal característica de los átomos, para él la unidad más pequeña y por tanto indivisible de la materia. Zenón formuló 40 paradojas para explicar la relación entre el espacio, tiempo y movimiento. Pero no fue hasta los tiempos de Galileo cuando nos comenzamos a enfocar científicamente en él, estableciendo métodos específicos que permitieran medirlo adecuadamente.

 

La física define al movimiento como el cambio de posición de un cuerpo físico a lo largo del tiempo conforme a un plano de referencia.

 

Ahora bien, el movimiento (y en ocasiones la falta de él) ha definido también nuestro desarrollo como civilización, nuestras prácticas alimentarias y hedonistas, por consecuencia también la cultura del vino tiene su fuerte influencia. Es en este movimiento en el que me gustaría enfocarme, notando algunas referencias en las que el movimiento ha marcado la trayectoria del vino como lo conocemos ahora.

 

La princesa Persa y las uvas podridas. Creo que ya hemos hablado de esta historia en entregas anteriores. Cuenta una leyenda persa que una princesa, al perder la preferencia del rey Jamshid, trató de envenenarse con unas uvas que estaban por ahí echadas a perder –sin movimiento, estancadas. La princesa cayó dormida y al despertar ya no estaba deprimida. Ella le platicó al rey y con el descubrimiento se volvió su favorita. A veces falta dejar las cosas (en este caso las uvas) descansar algunos días para que se transformen en algo más interesante.

El Imperio Romano. Los romanos quizá han sido la principal fuerza de movimiento en la cultura del vino. Antes de los romanos; los egipcios, persas, chinos y griegos habían ya producido vino como bebida ceremonial o incluso habitual. También hay referencia de comercio de vino entre Egipto y otros pueblos en la época del Viejo Imperio, pero no es hasta el Imperio Romano cuando el vino se vuelve un fenómeno social, incluso forzando legislación para regular su producción tratando así de regular su consumo.

Por ejemplo en el año 92 d.C. el emperador Domiciano prohibió la plantación de nuevos viñedos en Italia y ordenó se arrancaran la mitad de los ya plantados en las provincias.

 

También le debemos a los romanos la adopción de las barricas y las botellas de vidrio como medio de guarda y transporte del vino.

 

Gracias al movimiento generado por los romanos (de soldados, colonizadores y rutas comerciales entre las provincias y Roma) también se desarrolló un sistema para identificar a los vinos provenientes de ciertas regiones, que destacaban sobre otros por su calidad. Como el vino Falerno –producido en la Campania al sur de Italia– que fue el primero en distinguir año y zona de producción, notando si venía de las colinas altas, de las zonas medias o las zonas bajas.

 

El movimiento y las botellas modernas. En algún punto del siglo 19 la primer botella en volverse un símbolo de su origen fue la Borgoña. La botella borgoña es la de cuello largo y hombros delicados en las que encontramos los afamadísimos Pinot Noir y Chardonnay de esta región de gran tradición. Se dice que sus lados curveados son así simplemente porque era lo más fácil de hacer por los sopladores de vidrio de la época, pero al ver que se identificaba con los excelentes vinos provenientes de la región, su adopción por los productores de vino borgoñones fue prácticamente inmediata.

 

Muy poco tiempo después vino la botella Bordalesa, o de Burdeos. La Burdeos es la botella más común utilizada para envasar vino. De hombros anchos y presencia más robusta hay quienes dicen que estos hombros son para que ahí quede el sedimento de los grandes vinos de Burdeos al ser decantados. Otros creen que simplemente la hicieron así para diferenciarla de la borgoñona, yo también.

 

Por último, después de la botella de Burdeos vino la botella de Alsacia o del Mosel. Esta es la botella delgada en la que vemos comunmente a los Riesling de la región, vinos para la que fue utilizada al principio, aunque poco tiempo después fue adoptada para otros vinos como los Gewurztraminer. Esta botella más delgada, supuestamente se diseñó así para poder meter una mayor cantidad en los barcos que las transportaban, y como viajaban por río –un viaje considerablemente más tranquilo que por mar– también podían ser más delicadas sin arriesgar tanto su ruptura.

 

Las colonizaciones ideológicas y políticas han propagado el consumo de vino por todo el mundo y las rutas comerciales lo han hecho disponible. El vino es ahora un producto cultural prácticamente global, se consumen por igual los de Burdeos desde China hasta México, que los de Italia, Australia o Nueva Zelanda. Los de México se consumen más en territorio nacional pero también unos pocos viajan fuera del país.

 

Ahora que ya no es tiempo de colonizaciones, yo me quedo con los que se producen aquí cerca y con ello le ahorramos un poco de costo ambiental al planeta. ¿Y usted?

 

Por último les dejo otras ideas que me vinieron a la mente acerca del movimiento y el vino por si quiere tarea:

  • La luna, su gravedad sobre los líquidos y el movimiento de ellos dentro de la planta, ¿afectan a la calidad del vino?
  • Movimiento como tendencia, la más actual: Los vinos naturales.

 

Carlos Valenzuela Twitter: @cevalenzuela

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